ME LA PONE DURA

Me refiero a la ciencia ficción, ojo. Que la ciencia ficción me la pone dura… No, no quería decir eso. Me falta una coma: La ciencia ficción, me la pone dura. ¿Se entiende ahora? Joder con mi primer artículo. Lo vuelvo a intentar: Si usted me ofrece ciencia ficción, mejor me pone ci-fi dura. ¡Por fin!

¿Y qué es eso de la ciencia ficción dura, también llamada hard sci-fi? ¿Qué es lo que la separa de la otra categoría que existe, la ficción blanda o soft? Veamos qué cuentan por ahí:

♦ La wiki no se moja mucho. Dice que es un «subgénero caracterizado por conceder una especial relevancia a los detalles científicos o técnicos de la narración».

♦ Y alt64, la wiki de los frikis, se pone más purista (como era de esperar). Se refiere a ella como aquella «rama que trata con total rigor la ciencia y la tecnología».

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chiste de marcianos sobre la ciencia ficción dura
chiste de marcianos (humor blando)

A mí, sin embargo, ninguna es esas dos definiciones me gusta. Los escritores que ponen el énfasis en los detalles técnicos suelen incluir en la novela bastantes párrafos aclaratorios que son un auténtico tostón. Y eso no es literatura. En “El problema de los tres cuerpos” que analizo en otro artículo del blog, Cixin Liu dedica un capítulo entero a explicar un experimento de trasmisiones electromagnéticas que forma parte de la trama. Y hay que releerse muchos de sus fragmentos para intentar entenderlo todo, algo que la mayoría de los lectores no logrará.

¿Es necesario llegar a ese extremo? La literatura es el arte de contar. La misión del escritor es saber integrar una aclaración técnica en una novela y que todo resulte fluido y natural. Aunque tenga que dejarse en el tintero una parte de sus argumentos. En “2001. Una odisea espacial”, Clarke no explica en ningún momento cómo funciona ese misterioso monolito que aparece de la nada para manipular el cerebro de los primeros humanos. Y nadie clasificaría su obra como ci-fi blanda.

«El vibrar se hizo más fuerte y más insistente. Los monos humanoides comenzaron a moverse hacia delante como sonámbulos, en dirección al origen de aquel obsesionante ruido».

Y eso otro de exigir un rigor absoluto a la ciencia también me parece absurdo, puesto que estamos hablando de ficción especulativa. Porque es ahí, justamente, donde está lo maravilloso de este género: en jugar con una idea, una conjetura o una teoría  para poder especular con sus consecuencias. En coger, por ejemplo, una interpretación tan marginal de la mecánica cuántica como la del observador y la conciencia, y construir una historia entorno a ella que nos haga plantearnos qué es la realidad (conozco a un aspirante a escritor que ha intentado hacer eso).

Más que rigor científico deberíamos exigir verosimilitud, que es una palabreja que se utiliza cuando la narración es coherente. Deberíamos exigir que los personajes se comporten siempre de acuerdo a su personalidad, que los acontecimientos se sucedan sin giros ridículos de guion para intentar sorprender al lector, que las descripciones no desentonen con todo lo demás… Y esto es aplicable tanto a la alta literatura como a la novela de género.

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chiste de marcianos sobre la verosimilitud en la literatura
todos hemos leído cosas peores

A mí, la clasificación que más me gusta es la siguiente:

Ci-fi dura: Cuando la ciencia o la tecnología es fundamental en el argumento de la obra. El mejor ejemplo sería Asimov.

Ci-fi blanda: Cuando la ciencia o la tecnología es sólo un pretexto para contar una historia. Como en una de esas novelas de aventuras galácticas en la que lo de menos es la física que hay detrás de las naves espaciales.

Y, si decidiéramos ampliar la clasificación para incluir a toda la ficción especulativa, en el siguiente escalón estarían la fantasía y el terror, que no necesitan a la ciencia para justificar nada. Si en una novela donde aparecen hobbits, elfos y orcos la narración es suficientemente sólida (verosímil), el lector no se sentirá incómodo navegando por el universo imaginario que ha creado el autor. Porque, al abrir el libro, él ya aceptó sustituir la lógica por la fe. Aceptó introducirse en un estado mental conocido como suspensión de la incredulidad.

En cualquier caso, lo que yo busco en la ci-fi dura es que también me aporte algo más. Le pido que me sacuda la mollera y me haga reflexionar. Le pido un planeta con una inteligencia en forma de océano con la que resulte imposible comunicarse, o una sociedad claustrofóbica vigilada por un Gran Hermano, o unas máquinas diseñadas para obedecer las tres leyes de la robótica, o un aparato llamado órgano de ánimos con el que los individuos puedan manipular sus emociones, o una isla donde convivan unos hombres que han sido convertidos en bestias… Le pido que agarre una tecnología o una teoría científica cualquiera y que coloque a los protagonistas de la obra en el extremo del precipicio. O que nos lleve a todos a un escenario donde la realidad sea tan sorprendente que nos olvidemos por completo de nuestra previsible y mísera existencia.

«yo estaba en el ánimo 382; acababa de marcarlo. Por eso, aunque percibí intelectualmente la soledad, no la sentí. La primera reacción fue de gratitud por poder disponer de un órgano de ánimos Penfield; pero luego comprendí qué poco sano era sentir la ausencia de vida y no reaccionar…»

Bien pensado, quizás esas etiquetas no encajan del todo con lo que intento trasmitir. Ni toda la hard sci-fi plantea sesudos problemas filosóficos ni toda la soft sci-fi se queda en la mera aventura y el entretenimiento. Tenemos múltiples ejemplos de ello en las distopías de ficción blanda, que suelen plantearnos interesantes dilemas entorno a la evolución de la sociedad. En “La máquina del tiempo”, por ejemplo, Wells no se molesta en explicar cómo funciona el vehículo temporal sobre cual gira toda la trama, pero dibuja a una humanidad escindida en dos especies en la que una se alimenta de la otra; invitándonos a meditar sobre nuestra propia naturaleza.

Así pues, me parece que necesito otra clasificación. Mi alma de burócrata me exige unas nuevas coordenadas. Veamos… Creo que a la ciencia ficción que va más allá del entretenimiento la llamaré reflexiva y a la otra la llamaré ciencia ficción ligera. Sólo me faltaría una definición.

Ci-fi reflexiva: Cuando se utiliza la evolución de la ciencia o de la tecnología para crear escenarios o especular con situaciones que inviten a la reflexión.

Perfecto. Ahora ya puedo dar por acabado el artículo. Sólo hay que rematarlo con una conclusión que también parezca profunda. La tengo:

La ciencia ficción reflexiva me la pone dura.

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Por si quieres buscar más:
Nota final: La Verosimilitud y la Suspensión de la incredulidad no son lo mismo, aunque están relacionadas. Son las dos caras de una moneda. La primera es una obligación del escritor (crear personajes y escenas que sean coherentes) y la segunda una concesión del lector (creérselo todo, pese a saber que nada es real). Y ambas se necesitan mutuamente. Superman es un periodista que se comporta de forma muy coherente (es un personaje tímido y modesto que está enamorado…) y por eso nuestra mente no duda de él, a pesar de que nunca podría ser real.

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