RESEÑA de EL PROBLEMA DE LOS TRES CUERPOS de CIXIN LIU

BUEN GÉNERO, FLOJA LITERATURA

De qué va: Novela basada en uno de los temas más trillados de la ciencia ficción (prefiero no decir más), pero con una buena trama e ideas científicas de gran originalidad.

Puntuación: entre 3,5 y 4 sobre 5, según me pille.

Impresión General: Agridulce. Por culpa de las expectativas que me creó y de otras cuestiones que explico en la reseña (o en el apéndice final, donde ya saco el cuchillo de carnicero y destripo la novela).

Principales Rasgos:

  • Ci-Fi dura. Algunas veces, demasiado.
  • Primera parte de una saga. Aunque se puede leer como si tuviera final.
  • Premio Hugo 2015.
  • Cixin Liu es un reputado autor chino actual de ciencia ficción.

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figura de fondo y tres soles
el problema de los tres cuerpos

Reseña:

Creo que la mejor forma de expresar mi opinión sobre esta novela es haciendo un símil gastronómico.

De entrantes, el autor nos sirve unas raciones de las atrocidades de la Revolución Cultural china, las cuales enriquecen bastante la historia pero no añaden nada especial a la trama. Y nos presenta a una de las protagonistas de la obra, una astrofísica cuyo padre fue brutalmente ajusticiado durante esos acontecimientos. Ella acabará desterrada en una base militar secreta donde sus experimentos plantarán la semilla de todo lo que sucederá, años después, en la novela.

Cuando te sirven el primero, la presentación tiene tan buena pinta que te pones a salivar. Nos cuentan que se están produciendo unas extrañas muertes de científicos los cuales habrían descubierto que las leyes del Universo, en las que se basan todo nuestro conocimiento, podrían no existir. Pero cuando le hincas el diente a esa fantástica idea te das cuenta de que no es lo que parecía, sino que se trata de uno de los platos más habituales de la ciencia ficción (lo dejo ahí). Y que el trasfondo de la historia no es tan filosófico ni profundo como te hicieron creer.

La hipótesis del granjero sobre la naturaleza de las leyes del universo es más tétrica: cada mañana, en una granja de pavos, el granjero les da de comer. Y un pavo científico saca la siguiente conclusión: «cada mañana, a las once, llega comida». La mañana del Día de Acción de Gracias, el científico anuncia su descubrimiento a los demás pavos. Pero ese día aparece el granjero y los mata a todos.

En esta parte de la novela, el autor va jugando con varias tramas que te mantienen bastante desorientado pero que más adelante hará confluir, hay que reconocerlo, con gran solvencia.

Tenemos al protagonista principal, un investigador de nanomateriales, el cual es invitado a unas reuniones confidenciales donde autoridades y científicos de distintos países están tratando el tema de esas muertes, además de otras cuestiones de más enjundia que no le explicarán. También aparece aquí un policía bastante grosero que hace de contrapeso del protagonista y que, al igual que éste —y que el propio lector—, tampoco dispone de información sobre lo que está ocurriendo.

Tenemos, asimismo, continuos flashbacks a los acontecimientos que se desarrollaron tiempo atrás en la base militar secreta y que van revelando, poco a poco, de qué va nuestra historia. Algunos de los experimentos que ahí se narran, por cierto, son demasiado complejos y tediosos para una novela. Ni la ciencia ficción más dura necesita llegar a esos extremos (como ya expliqué en un artículo anterior).

Y tenemos un juego de realidad virtual llamado “Tres Cuerpos”, en el que empieza a participar nuestro protagonista alentado por la posibilidad de que estuviera relacionado con las muertes. El objetivo del juego es intentar resolver el problema físico que da título al libro. Para algunos lectores, ésa es la parte más entretenida de la obra. A mí, sin embargo, ese guion paralelo me sabe a menú infantil. Sus escenas me resultan demasiado cómicas o extravagantes, haciendo que me cueste saltar entre ellas y la parte “real” de la novela.

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pontífice ordenando "a la hoguera"
personaje del juego

Hablando de lo que opinan otros lectores, muchos hacen hincapié en que los personajes que dibuja Cixin Liu son demasiado simples o planos. A mí, sin embargo, ese asunto no me pareció tan grave. Primero, porque se trata de una novela donde el protagonista es la propia trama, por encima de las personas. Y, segundo, porque creo que la falta de complejidad de los personajes se debe a una cuestión cultural. Tengo la sensación de que, en Oriente, los roles que se asignan al comportamiento humano están siempre muy perfilados, como si no existieran los tonos de grises. Aunque también es cierto que hay escenas donde los personajes resultan muy poco creíbles, y esto sí me molestó.

Y, como le estamos pegando demasiados palos al autor, aprovecharé para destacar lo que más me gustó de la novela: La gran imaginación y originalidad que contienen muchas de sus ideas. Me encantó, por ejemplo, que el protagonista empezara a ver los números de una cuenta atrás delante de sus narices anunciándole su propia muerte (aunque también me pareció un gran error que éste se olvidara de esa amenaza unos capítulos después). O la idea de utilizar dos simples protones como arma, una genialidad que me dejó del revés.

—¿Solamente dos protones?

—…es justamente el límite de lo que permiten sus capacidades.

—Pero en el nivel macroscópico dos protones no son nada…

—Son un candado.

Cuando llegamos al segundo plato, ya sabemos cuál es el nexo de unión de todas las viandas que nos están sirviendo pero aún quedan bastantes cabos por atar. Y eso lo resuelve muy bien Cixin Liu. Todas las tramas y ocurrencias que hemos ido leyendo, por muy extravagantes que nos parecieran, todas tienen una explicación. Otro punto para él.

Poco más puedo contar sin desvelar ningún spoiler. Que existen dos bandos de personas que están enfrentadas entre sí, que el comportamiento extremo de algunos personajes viene justificado por una especie de ecologismo militante tan radical que resulta muy poco verosímil, que aquello de la inconsistencia de las leyes del Universo también tiene una explicación…

Y, en cuanto al postre final, he de confesar que me gustó. Odio esas sagas que te entregan una historia por fascículos y te dejan abierto el desenlace para que vuelvas a pasar por caja. Y, conforme me acercaba al último capítulo, más temía que acabara así. Pero la obra finaliza con un jaque al rey bastante ingenioso. Una jugada que podemos tomar como un jaque mate si no queremos continuar la trilogía.

Era una única frase:

«¡No sois más que insectos!»

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Conclusión:

Hablamos de una novela con muy buenas virtudes y muchos otros defectos. Creo que, a quien le guste la ciencia ficción, la historia le gustará bastante. Y, al resto de lectores, sólo puedo aconsejarles que se la tomen como una obra de género o que se olviden de la caracterización de los personajes para poder disfrutar de la trama. Y que, si se encuentran con alguna parrafada repleta de oscuras explicaciones científicas, la lean por encima y continúen hasta el final.

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atención: spoilers!
si sigues leyendo, es bajo tu responsabilidad
APÉNDICE

Destripando el texto:

Ya he comentado el libro y dado mi opinión sobre él. Pero necesito criticar unos cuantos asuntos más para que la reseña sea completa y justificar porqué pensé puntuarlo sólo con 3,5. De ahí el aviso de que habrá spoilers.

El primer punto pendiente ya lo he mencionado: La temática de la novela. Se trata de una historia de extraterrestres. Y, en concreto, del típico relato de alienígenas-que-perderán-su-planeta-y-han-de-invadir-la-Tierra. Ya comenté mi decepción al creer que se trataba de un tema científico más profundo y filosófico. Hay una frase genial del personaje del policía con la que me siento identificado:

¡A mí nunca se me ocurrió que esta mierda iba a ir de extraterrestres!

Otro punto que me disgustó, y que además es uno de los pilares de la novela, es la facilidad con la que la gente acepta a la primera la existencia de una civilización alienígena (incluidos los científicos e intelectuales). Por ejemplo, cuando se les desvela a los participantes del juego que detrás de éste hay extraterrestres de verdad. ¿En serio? ¿Nadie va a dudar siquiera un poco? O, peor aún, el hecho de que muchos de ellos se adhieran incondicionalmente a la causa de los aliens, sabiendo que éstos pretenden invadir la Tierra y, probablemente, destruir a la humanidad. Ni el ecologismo más radical podría hacer creíble esa idea.

Por cierto, ésa es la principal justificación de que exista ese juego de realidad virtual cuyo papel en la trama tampoco es muy sólido. Porque la escusa de que los humanos ayuden a una civilización superior a resolver un problema que es irresoluble no es nada convincente. Pero peor es la ocurrencia de que, jugando a «Tres Cuerpos», los alienígenas difundirán su cultura y conseguirán que comencemos a adorarles como si fueran deidades. Más que inverosímil, resulta absurdo. Soy incapaz de creerme a uno de esos científicos que dibuja Cixin Liu, hablando con devoción de «mi Señor».

Y, ya que estamos machacando al pobre autor (aunque eso forma parte de la crítica), comentemos que también hay un fallo importante en esa historia tan bien tejida: Si los extraterrestres ya espían todo lo que hacen los humanos y están en contacto con los rebeldes en tiempo real gracias al entrelazamiento cuántico (otra buena idea, por cierto), ¿porqué no les avisan de la emboscada que les van a hacer para apoderarse de sus mensajes?

Y finalizaré el linchamiento con los alienígenas, cuya caracterización es demasiado simplista. Me chocó que un escritor que tiene la virtud de aclararle al lector todos y cada uno de los argumentos científicos que utiliza en la trama, llegando al extremo de dedicar un capítulo entero a explicar con un detalle exagerado cómo se envió el primer mensaje al espacio, decida no describirnos a aquella civilización. Y que lo poco que nos cuente refleje unos comportamientos idénticos a los de los humanos. Con unas pocas diferencias que parecen sacadas de un relato de humor.

—¡Rehidrataos! —gritó un hombre.

—¡Rehidrataos! ¡Rehidrataos!

Todos salían del lago y corrían desnudos hasta el deshidratatorio. Allí sacaban más pellejos y los lanzaban al agua para que más y más cuerpos revivieran y salieran del lago. El mundo entero volvía a la vida.

Bueno… Ya me he quedado a gusto. Eso era todo lo que quería contar. Insisto en que la novela tiene ideas muy originales y muy bien desarrolladas. Y que la trama, a pesar de su complejidad, está muy bien rematada. Pero también existen notables incoherencias que, a los que somos más cascarrabias, nos hacen rechinar los dientes. ¿Me la volvería a comprar? Probablemente sí. Pero sabiendo que sólo me voy a leer una novela de género.

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